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Pedimos palabra

Yo tenía 10 años de edad cuando escuché por la tele, por primera vez, propagandas políticas y debates sobre un referéndum para decidir entre monarquía y república. Era el año 1993 y Brasil realizó en aquel entonces un plebiscito que ya estaba previsto desde la Constitución de 1988, aprobada durante nuestra transición después del fin de la dictadura militar. Tengo que confesar que en mi imaginario de niño parecía muy atractiva la idea de tener un rey, príncipes, palacios y todas esas cosas que yo sólo conocía de los cuentos de hadas.

Ahora, a mis 31 años, vuelvo a ver sobre la mesa la propuesta, o por lo menos un deseo colectivo, de un referéndum de las mismas características. Esta vez en España, después de la abdicación del Rey Juan Carlos I de Borbón.

La diferencia que marca estos dos momentos de mi vida política es que ahora ya no soy un niño y ya conozco de cerca qué significa tener un rey, príncipes, palacios, además de duques empalmados, infantas floreros y demás. Yo he crecido, he madurado, y creo que ahora sí estoy preparado para decir qué es lo que me parece mejor para mi futuro, para el futuro del país dónde vivo y de su población. Ya no me pueden tratar como un niño.

Por eso voy a las calles, por eso, así como otros miles de ciudadanos y ciudadanas, exijo que se nos escuche en este momento tan crucial de la historia de este país, que es ahora también el mío. Por eso exigimos que la democracia española también madure, y que sea capaz de promover ya un referéndum en el que la población decida el modelo de Estado que queremos.

Podríamos dar miles de argumentos y razones. Podríamos hablar de la inutilidad de una institución caduca, que se come millones de euros del erario público simplemente por formar parte de una determinada familia, de una élite; podríamos hablar del proprio deterioro de dicha institución; podríamos hablar de la incapacidad de una constitución de 1978 de responder a las necesidades de una sociedad que mucho ha cambiado; de lo inmoral que es que vivan unos pocos con tanto mientras miles de personas no tienen ya ni donde vivir; de lo espurio que es hacer el proceso sucesorio con un gobierno que carece de legitimidad para hacerlo, y decenas de razones más.

Pero el más importante de todos es que no hay nada más democrático que poder votar, que el pueblo pueda decidir. El referéndum sobre la monarquía no es la solución a todos nuestros problemas, tenemos que saberlo. Pero no vamos a construir nunca una sociedad más justa y más igualitaria sin una democracia más participativa, sin acabar con los privilegios de una élite que tiene como secuela la precariedad de una mayoría de personas de a pié, que como yo, salimos todos los días a trabajar para llegar a fin de mes con un poco de dignidad. Y encima nos dicen que los que tenemos un trabajo somos unos privilegiados.

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