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Brasil no era exactamente lo que pensábamos

Indignado pide el cambio del mundial de fútbol por educación y sanidad (Foto Humberto Trajano/G1)

Indignado pide el cambio del mundial de fútbol por educación y sanidad durante manifestación en Belo Horizonte (Foto Humberto Trajano/G1)

Las últimas noticias que nos llegan desde Brasil ponen de manifiesto un hecho que desde hace años intento explicar a mis amigos más cercanos aquí en España. Mi país no es exactamente este modelo de Estado social que mucha gente se cree por aquí. Me ha alegrado mucho ver las multitudinarias manifestaciones que están tomando las calles del gigante latinoamericano. Y no solamente por los cambios que las protestas pueden empujar en el gobierno brasileño y en sus administraciones regionales, sino también por destapar una imagen exagerada de modelo a seguir que se estaba creando.

Si bien Brasil ha emprendido en los últimos años programas sociales con resultados realmente admirables, como el aclamado Hambre Cero, las causas estructurales de la pobreza y la inmensa desigualdad social están lejos de ser solucionadas.

Un análisis del IPEA (Instituto de Pesquisa Económica Aplicada, ligado a la Secretaria de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República) publicada a finales de 2011 revela datos sorprendentes. De los 185 millones de brasileños y brasileñas, casi 107 millones son pobres o vulnerables, lo que representa un 58% de la población. La renta per capta de la mayoría de los brasileños era inferior al salario mínimo de 180 euros en la fecha de la publicación del informe. La extrema pobreza afecta a casi 9 millones de personas. Y siguiendo la lógica mundial de la pobreza, los más afectados son niños y niñas y las familias campesinas.

Los números sólo se suavizan cuando los comparamos con los datos de 2002, cuando la pobreza llegaba al 71% de la población. Es señal de que los programas de transferencia de renta del gobierno han dado resultados. Pero el cambio de clase social sólo es posible cuando las personas consiguen un trabajo y tienen una fuente de renta propia. Por eso el propio estudio concluye que la generación de empleo y el aumento real del salario mínimo fueron en estos años la principal causa de la disminución de la pobreza.

Pero esos “buenos resultados” no han podido cambiar el panorama de la desigualdad social del país. Brasil necesita repensar seriamente su estado de bienestar. Si por un lado el gobierno central ha aumentado la inversión en la enseñanza superior, las escuelas primarias y secundarias, competencia de los gobiernos de los estados, están completamente precarizadas. La educación pública en Brasil es cosa de pobres, ya que la mala calidad de la enseñanza empuja a las familias más acomodadas a la educación privada, con más garantías de calidad y futuro. Con un acceso todavía complicado a las universidades públicas, la mayoría de los jóvenes de familias pobres quedan fuera de la educación superior, ya que en las pruebas de acceso no pueden competir con sus compañeros de las escuelas privadas. Y así empieza el círculo vicioso.

Por otro lado, el Sistema Único de Salud, que en el papel es un modelo de sanidad pública a seguir, carece de recursos para que funcione con un mínimo de calidad y garantice una sanidad pública y universal. La sanidad privada se ha apoderado del país, con más de 1.000 operadoras de seguros privados. Más de 45 millones de brasileños, casi toda la población española, pagan por la sanidad privada, que está además llena de problemas. Y si aquí en España hablamos de copago o repago, los brasileños no sólo pagan el 100% de sus medicamentos, sino que también pagan por una sanidad privada, una pública y acaban no teniendo en ninguna de las dos la atención adecuada.

Sobre el transporte público y el estado de infraestructuras como las carreteras públicas es mejor ni hablar, para no alargar demasiado el post.

Por todo eso no nos deberíamos impresionar cuando vemos a los millones de brasileños en la calle pidiendo cuentas del despilfarro de dinero público en grandes obras para los eventos deportivos de los próximos años cuando viven en su día a día las consecuencias de un estado de bienestar ineficiente, que causa las grandes desigualdades del país. Y por aquí ya sabemos qué pueden pasar con las grandes obras públicas cuando no están bien planificadas.

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Comentarios

4 comentarios en “Brasil no era exactamente lo que pensábamos

  1. ¡¡¡Muy buen artículo, sí señor!!!

    Publicado por Mángel Sevilla | 21 de junio de 2013, 18:41

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